Veranos en Raimat (otro concepto de vacaciones)
A principios de la década de los 60 para mi vacaciones de verano era sinónimo de Raimat. Eran tres largos meses en los que uno ya creía que la vida era otra cosa, Pero luego te lo estropeaban todo un día en el que te subían a un coche te tragabas una caravana de capitán general, te metían en una casa que tenías que volver a recordar como algo del pasado y te hundían con la frase, a acostarse que mañana empiezas el Cole.
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| La casa y yo por ahi |
Hoy en día a mucha gente le suena lo de Raimat, porque la bodega se ha hecho famosa, pero en aquellos años, nadie tenía la minima idea de que era ni donde estaba. Todo el mundo conocía Caldetas, Llavaneres, Palamós, Playa de Aro pero nadie sabía lo que era Raimat.
Raimat era un puntito en la provincia de Lérida donde mis abuelos tenían un trozo de finca y una casa. El trozo de finca era parte de 3400 Hectáreas de un total, y la casa era una casa pensada para vivir cómodamente mis abuelos con sus 10 hijos y el servicio. Casi todos estos hijos de mis abuelos eran mis tíos, la que no era tía era mi Madre, aunque por allí también atendía al nombre de Tía Rosa.
Allí se reunía toda la familia, primos, tíos solteros, tíos casados, tíos consortes, abuelos, mi mama que también era la tía Rosa y mi Papá que estaba sentado en un sillón leyendo. Era una convivencia fantástica uno se sentía como parte de un clan y ya no necesitaba tener amigos si con la familia se tenía de todo.
Por la mañana desayuno frugal a medida que la gente se levantaba. Tostadas, huevos, riñoncitos, Nata de leche de vaca, un placer nada más empezar, luego a por las bicis y a perderse por la finca. Siempre había ocupaciones, recoger chapas de la basura, pescar, montar en tractor no se quien decidía lo que se había que hacer pero uno seguía a sus primos mayores y lo hacía.
Hacia la una sonaba una sirena por toda la finca, eso quería decir que estábamos llegando tarde a comer.
La comida también era espectacular, mi abuelo presidía un extremo de la mesa, la mesa era larguísima, para dar cabida a todos los tíos y tías. En frente de mi abuelo, en el otro extremo de la mesa estábamos los más pequeños, bueno los más pequeños no, éramos los que sabíamos comer solos de entre los más pequeños, y eso ya era un rango importante. Las patatas fritas de La Celestina era el manjar más esperado y deseado.
Una vez comidos salíamos a trotar otra vez, quizás no he contado que el más pequeño de mis tíos tenía una edad cercana al mayor de mis primos y que en nuestros juegos participaban dos o tres tíos, con lo cual todo lo que hacíamos era seguir unas tradiciones que venían de algunos años atrás y que se transmitían de tíos a sobrinos.
El trote duraba hasta el anochecer en que una esquila de vaca era utilizada para llamarnos a cenar.
Tras la cena, el rosario durante veinte minutos todos deambulaban por la casa para no dormirse mientras rezaban. Recuerdo que nos apostábamos en lo alto de la escalera mientras observábamos intrigados los recorridos rutinarios de cada tío...
Tras el rosario a dormir, se nos mandaba a las buhardillas donde había grandes habitaciones llenas de camas listar para llenar de pesadillas y temores nuestras mentes.
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| Primos en el lago |
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| La piscina |
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| Primos de excursion |
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| Pretender una siesta con niños alrededor es peligroso para los niños |
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| Paseo en tractor |
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| Interior de la casa |
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| En los jesuitas |
















Papito qué guay!! Qué pena que no se mantengan esas tradiciones... A lo mejor de aquí un huevo de años San Jorge se le parece... jajjajaja
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